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    August 29

    EL REY CICLOTIMICO


    Había una vez un rey muy poderoso que reinaba un país muy
    lejano. Era un buen rey. Pero el monarca tenía un problema:
    era un rey con dos personalidades.
    Había días en que se levantaba exultante, eufórico, feliz.
    Ya desde la mañana, esos días aparecían como
    maravillosos. Los jardines de su palacio le parecían más bellos.
    Sus sirvientes, por algún extraño fenómeno, eran amables y
    eficientes esas mañanas.
    En el desayuno confirmaba que se fabricaban en su reino
    las mejores harinas y se cosechaban los mejores frutos.
    Esos eran días en que el rey rebajaba los impuestos,
    repartía riquezas, concedía favores y legislaba por la paz y por el
    bienestar de los ancianos. Durante esos días, el rey accedía a
    todos los pedidos de sus súbditos y amigos.
    Sin embargo, había también otros días.
    Eran días negros. Desde la mañana se daba cuenta de
    que hubiera preferido dormir un rato más. Pero cuando lo
    notaba ya era tarde y el sueño lo había abandonado.
    Por mucho esfuerzo que hacía, no podía comprender por
    qué sus sirvientes estaban de tan mal humor y ni siquiera lo
    atendían bien. El sol le molestaba aun más que las lluvias. La
    comida estaba tibia y el café demasiado frío. La idea de recibir
    gente en su despacho le aumentaba su dolor de cabeza.
    Durante esos días, el rey pensaba en los compromisos
    contraídos en otros tiempos y se asustaba pensando en cómo
    cumplirlos. Esos eran los días en que el rey aumentaba los
    impuestos, incautaba tierras, apresaba opositores...
    Temeroso del futuro y del presente, perseguido por los
    errores del pasado, en esos días legislaba contra su pueblo y su
    palabra más usada era NO.
    Consciente de los problemas que estos cambios de humor
    le ocasionaban, el rey llamó a todos los sabios, magos y
    asesores de su reino a una reunión.
    —Señores –les dijo— todos ustedes saben acerca de mis
    variaciones de ánimo. Todos se han beneficiado de mis euforias
    y han padecido mis enojos. Pero el que más padece soy yo
    mismo, que cada día estoy deshaciendo lo que hice en otro
    tiempo, cuando veía las cosas de otra manera.
    Necesito de ustedes, señores, que trabajéis juntos para
    conseguir el remedio, sea brebaje o conjuro que me impida ser
    tan absurdamente optimista como para no ver los hechos y tan
    ridículamente pesimista como para oprimir y dañar a los que
    quiero.
    Los sabios aceptaron el reto y durante semanas
    trabajaron en el problema del rey.
    Sin embargo todas las alquimias, todos los hechizos y
    todas las hierbas no consiguieron encontrar la respuesta al
    asunto planteado.
    Entonces se presentaron ante el rey y le contaron su
    fracaso.
    Esa noche el rey lloró.
    A la mañana siguiente, un extraño visitante le pidió
    audiencia.
    Era un misterioso hombre de tez oscura y raída túnica
    que alguna vez había sido blanca.
    —Majestad –dijo el hombre con una reverencia—, del
    lugar de donde vengo se habla de tus males y de tu dolor. He
    venido a traerte el remedio.
    Y bajando la cabeza, acercó al rey una cajita de cuero.
    El rey, entre sorprendido y esperanzado, la abrió y buscó
    dentro de la caja. Lo único que había era un anillo plateado.
    —Gracias –dijo el rey entusiasmado— ¿es un anillo
    mágico?
    —Por cierto lo es –respondió el viajero—, pero su magia
    no actúa sólo por llevarlo en tu dedo...
    Todas las mañanas, apenas te levantes, deberás leer la
    inscripción que tiene el anillo. Y recordar esas palabras cada vez
    que veas el anillo en tu dedo.
    El rey tomó el anillo y leyó en voz alta:
    Debes saber que ESTO también pasará.

    August 21

    SOMOS LO QUE SOMOS


    Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo. El Roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el Pino. Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la Vid. Y la Vid se moría porque no podía florecer como la Rosa. La Rosa lloraba por no ser fuerte y sólida como el Roble. Entonces encontró una planta, un Clavel floreciendo y más fresco que nunca. El rey le preguntó: ¿Cómo es que creces tan saludable en medio de este jardín mustio y sombrío? La flor contestó: Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste querías claveles. Si hubieras querido un Roble, lo habrías plantado. En aquel momento me dije: Intentaré ser Clavel de la mejor manera que pueda y heme aquí el más hermoso y bello clavel de tu jardín. Somos esto que somos. Vivimos marchitándonos; nuestras propias insatisfacciones, en nuestras absurdas comparaciones con los demás. Si yo fuera, si yo tuviera, si mi vida fuera... Siempre conjugando el futuro incierto en vez del presente concreto, empecinados en no querer ver, que la felicidad es un estado subjetivo y voluntario. Podemos elegir hoy, estar felices con lo que somos, con lo que tenemos o vivir amargados por lo que no tenemos o no podemos ser. Sólo podremos florecer el día que aceptemos que somos lo que somos, que somos únicos y que nadie puede hacer lo que nosotros vinimos a hacer. Comienza haciendo lo que es necesario, después lo que es posible y de repente estarás haciendo lo imposible.

    San Francisco de Asís